“¿No es la vida sólo una serie de imágenes que cambian a medida que se repiten?” _A.W.
Andy Warhol era un entusiasta de la cultura del consumismo. Dicha condición le hacía ser repudiado por gran parte de la crítica artística estadounidense de los 60, pero para aquel icono efervescente, el juicio de valor al que se veía sometido no era más que el caldo de cultivo en el que desarrollaría su obra, y se movería como un auténtico pez en el agua.
Andy (como su círculo le nombraba) jugaba con ventaja: conocía un “lenguaje” que se fraguaba desde el underground y manejaba un código que sólo él conocía, porque entre otras cosas, ese código, lo inventó él. Pero a pesar de ser el rey de la cultura pop (con permiso de Lichtenstein y J. Johns) en las parcelas de la ilustración, covers de discos o pintura, cabe destacar que llevaba siempre consigo una cámara polaroid con la que inmortalizaba a toda su estirpe en toda esencia de la misma.
Nocturnidad, alevosía, sexo, drogas, alcohol… El de la peluca plateada hacía ostentación de su perfil más voyeur e inmortalizaba así la cara oculta del círculo de la fama neoyorkina y hollywoodiense, que tanto ejemplo daban a la sociedad de aquella época, no resultando tan pulcra y limpia tras los bastidores.
Warhol plasmó fotográficamente con su arma, no sólo una etapa, sino un tiempo en el que las estrellas expuestas fervorosamente en sociedad (que hoy son leyenda), escondían sus almas para poder sentirse libres ¿Andy, tienes Instagram?
Nicholson por Warhol.
Darling por Warhol.
Hopper por Warhol.
Stallone por Warhol.
Warhol por Warhol.
Andy Warhol.Polaroids (Taschen Books).








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