
La obra de Isaac Cordal titulada Cement Eclipses le toca la fibra de la culpa a los humanos de a pie y a los que están al mando, político y económico, de los núcleos en los que estamos organizados como sociedad. Las estatuas en miniatura –siempre de semblante triste y resignado–, que conjuga con paisajes urbanos y rurales, crean un efecto de reflexión sobre temas alarmantes por los que, sin excepción, todos debemos sentirnos aludidos.
Traemos al frente la serie Waiting for climate change, sacada a la luz en junio por el artista gallego, pero no dejes de pasar por su web o perfiles sociales virtuales para conocer más de sus intervenciones.









Isaac Cordal inaugura la exposición EGO MONUMENTS el próximo día 12 de septiembre y hasta el 12 de octubre en la C.O.A Galery de Montreal, Canadá.
«El progreso nos ha puesto en un pedestal, y ya nadie sabe cómo bajar, algunas personas incluso piensan que son dioses.
En algún momento debemos habernos perdido en el pasillo de un centro comercial y no hemos podido encontrar la salida. Tal vez porque hemos industrializado tanto el papel de espectador que ya no prestamos atención a nada. Nos hemos convertido en espectadores ausentes: todo lo que no nos interesa no parece existir (aunque Google insista en lo contrario). Casi todas las esculturas que forman parte de la exposición tienen los ojos cerrados, inmersos en sus teléfonos inteligentes o gafas de realidad virtual. Ciegos a su propia realidad, no quieren ver más allá de su propio perímetro. Al tratar de sentirse único, ocurre el efecto opuesto, de hecho: repetimos patrones de manera industrial, igual que las caras de las esculturas a menudo se reproducen de forma idéntica. Como si estuvieran eternamente enamorados de sí mismos, todos llevan una máscara colectiva de aburrimiento. Mientras tanto, los turistas se han convertido en un ejército que demuele todo lo que los rodea y la naturaleza agoniza en una camilla. Somos la nueva versión del colonialismo; estamos esperando el cambio climático tomando el sol en la playa. Vivimos permanentemente expuestos, controlados, inclinados al balcón público de las redes sociales y el Gran Hermano se ha convertido en nuestro compañero de piso. Los monumentos al ego serían tan grandes que ha sido necesario cambiar la escala para colocarlos en la galería. Necesitamos un cambio de escala. Necesitamos cambiar.»


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