Clasificar a Duane Michals como fotógrafo es quedarse corto. Vive de la fotografía comercial (revistas de moda y retratos de personajes de la cultura y del espectáculo), lo que que le da libertad para cultivar un arte más visceral, sin maquillajes.
Empezó pisando fuerte. Su primer trabajo fue una serie de retratos hechos durante un viaje a Rusia (entonces Unión Soviética), con una cámara prestada, en plena Guerra Fría. En tal contexto fue imposible la exposición del proyecto hasta tiempo después de volver a USA.
La figura de Michals supuso un antes y un después en la historia de la fotografía. Posee el hito de haber sido el creador de una sintaxis fotográfica basada en la secuencia (1966) y en utilizar el texto escrito sobre la imágen (1974). Ambos hechos responden básicamente a la necesidad de trasmitir una idea: con sólo una foto el mensaje está “incompleto”.
Su fotografía es técnicamente perfecta. Aprendida de manera autodidacta. Su filosofía de la imágen parte sus estudios de Bellas Artes. Imágenes de una composición exquisita, un blanco y negro insuperable y una atmósfesra de teatro mágico. Cada fotografía nos deja con ganas de saber más. Más de lo que ocurre en ese escenario.
Si bien, lo expuesto anteriormente es suficiente motivo para admirar el trabajo del artista, no debemos pasar por alto su actitud vital, su posicionamiento en la filosofía de la imagen, que es lo que lo hace indispensable; un fotógrafo sin pelos en la lengua preocupado por el devenir del mercado del arte.
Hablamos del primer fotógrafo en exponer en galerías dedicadas en exclusiva a la pintura. De un señor que hoy en día abre debates en torno a la valoración del arte en fución del tamaño de la obra, al postureo del mundo artístico en el que los sujetos tienen más necesidad de vender que de expresar o de buscar la perfección técnica. No tiene miedo de criticar a colegas de profesión que llevan años haciendo lo mismo porque hallaron la receta de lo que vende, como a Cindy Sherman. O en alabar la obra de Sally Mann o Robert ParkeHarrison por lo contrario. Un artista «de los de antes”, en la permanente misión de la búsqueda de lo auténtico.
Duane Michals en primavera de este año, en la DC Moore Gallery del Chelsea neoyorkino su obra Empty New York. 30 imágenes pequeñas, en blanco y negro, reveladas en plata, que nos muestran diferentes escenarios excluyendo sujetos humanos pero llenos de historias; una carnicería, una zapatería de señoras, una escalera, un callejón… Fotos llenas de magia que envuelven el ojo y agarran el estómago. Inspiradas diréctmente del trabajo de Eugène Atget (1887-1927), quien años ha hiciera lo mismo en París. Teniendo en cuenta tal hecho, que puede parecer contradictorio si nos ceñimos a la visión Michaels, no lo es en absoluto. La inspiración en el trabajo de otros es positiva, siempre y cuando se impregne, se filtre y se sume lo que se quiere expresar. Y eso es lo que él hizo, se levantó temprano muchos domingos para encontrar esos espacios de sueño, cercanos al surrealismo, que él necesitaba vomitar al mundo.

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