El trabajo de Kehinde Wiley es pura mixtura. Con una formación artística convencional y un ojo ligado a la calle y a la cultura negra, el arte de Wiley reconstruye el imaginario convencional. Su capacidad para recrear el arte pictórico europeo renacentista, en el que la persona retratada es alguien anónimo de piel negra, da un bofetón al esquema clásico al que estamos acostumbrados.
Fondos coloristas, que recuerdan a las maravillosas telas vestidas por las mujeres africanas, enmarcan retratos de modelos no profesionales (personas que él y su equipo encuentran en la calle), que posan en actitud heroica de manera desafiante. Un dominio de la luz y una capacidad para que la mirada retratada te clave en el sitio convierten a Wiley en un pintor a seguir.
No sólo es un artista con dominio de técnica sino que se convierte en un filósofo de la imagen en su replanteamiento de la historia del arte desde el punto de vista afroamericano y sin dejar indiferente a nadie. Ejemplo de ello es la inmensa lista de exposiciones en las que ha participado, tanto a nivel individual como grupal, o el hecho de que ya tenga cerrada una para el año 2015 en The Brooklyn Museum.
Para entender mejor de lo que estamos hablando enlazamos la obra de Jacques_Louis David “Napoleón cruzando los Alpes” (1800) y la reinterpretación de Wiley.




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