
Keith Haring y los productos de la compañía Tenga no tenían demasiado en común hasta mediados de este año. Una vez que este set de juguetes eróticos vieron la luz la cosa cambió. Y es que no podía haber mejor idea para romper tabúes que insertar los dinámicos personajes y colores sello del artista neoyorquino para adornar estos estimuladores del placer sexual masculino.
Dónde quiera que esté, Keith Haring debe estar dibujando una una risita picarona en su cara, pues esta creación, respaldada por la fundación que cuida su legado, está cumpliendo su anhelo de llevar el arte a campos y a personas que, por una razón u otra, no tienen manera de apreciarlo, y esta colaboración no solo se aprecia, también se disfruta.
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