Texto y fotos por Amaya García
Belleza en la decadencia: Las Meninas de Canido
Ferrol es un lugar de Galicia duro de querer, tanto que si preguntas a cualquiera que no vive en él te dirá que para allá ni mires. Pero la realidad es que en estos tiempos Ferrol queda ante los ojos del visitante como la antigua reina de belleza que rehusa a aceptar su decadencia, su estatus de passé. Meses de caminar una y otra vez por las calles de esta ciudad me dieron otra perspectiva: su decadencia es bella.
La ciudad es imponente; su majestuosidad aún se atestigua en sus viejos edificios, en las calles adoquinadas (recientemente reformadas, elecciones a la vista), en las plazas y en los puertos. Ferrol fue diseñada para ser ocupada por mucha gente, y en su momento lo fue. Su industria principal son los astilleros. También hay una fuerte presencia militar naval. El skyline de Ferrol es uno que pudiera ser digno de de Mad Max; grúas gigantes, un puerto amurallado, plantas de gas natural, todo industria pesada, la mayor parte paralizada y en protesta. Me recuerda a Detroit, y me vienen a la mente mil posibilidades, porque con la belleza no se puede hacer nada más pero sobre la decadencia revolotean un sinfín de oportunidades para el que las huele. El pintor Eduardo Hermida es uno de ellos, el ideólogo de uno de los proyectos artísticos urbanos mas interesantes de España: Las Meninas de Canido.
“No sé hasta que punto la tristeza es desagradable”, me cuenta Hermida sentados a la mesa de su casa, “unas casas como las que están a mi lado o ahí en frente yo las veo como un soporte perfecto para la creación. Piensas ¿Por qué La Habana puede ser tan maravillosa siendo como es físicamente? ¿Y esto tiene que ser triste? No, hay que mirarlo con otros ojos”. El pintor es ferrolano de toda la vida, me habla de su ciudad, concretamente de su barrio, Canido.
Canido es uno de los barrios más antiguos de Ferrol y el único donde hay un sentido de comunidad casi palpable. Una se siente bienvenida, como si fueras de ahí de siempre. Según Hermida, hay una razón peculiar: Canido era un lugar donde los aldeanos que venían a trabajar en las industrias ferrolanas se asentaban. Eran tiempos difíciles, cuenta, y la dureza económica (y el parentesco) obligaban a los habitantes a ayudarse. Por eso en Canido aún hay huertos en los jardines llenos de vegetales y frutas y las casas están lo suficientemente pegadas para poder hablar con el vecino por la ventana. «Yo no me siento avergonzado de ser del barrio, al contrario, me enorgullezco”.
Tras años de vivir y trabajar en Canido, Hermida se decidió a convertir ese orgullo en algo tangible, que quizás otras generaciones (o habitantes ocasionales como yo) podamos no sólo mirar sino entender de manera universal. Este fue un proyecto que surgió tanto por necesidad como por accidente y ahora lleva el nombre de Las Meninas de Canido.
La antena ilegal y la reinvindicación de la protesta
“Justo en frente había una antena de telefonía enorme”, explica Hermida señalando por la ventana hacia el lugar. “En la casa en la que estaba, en un año murieron cuatro personas de cáncer. Pensamos que podría tener algún efecto perjudicial. Yo mismo tengo tinitus, un pitido en los oidos. Tenía problemas de tiroides, no dormía bien, yo le ponía alguna causa física. Hablando un día con los vecinos, todos teníamos esos problemas comunes y dedujimos que era por la antena. Un día a uno se le ocurrió poner una pintada que decía ´Antena Ilegal Fuera`, escrito con spray”.
Después de años de protestas la antena se fue, se la llevó una grúa obligada por los tribunales. Y allí quedó el símbolo de esa lucha, el graffiti del vecino enfadado. “Quedó esa pintada que ya no tenia sentido porque estaba en una casa abandonada, dije, ´esta es una de las paredes aptas para pintar Las Meninas`. Vino Jorge Cabezas, un pintor amigo mío, cubrimos la pintada de blanco y él pintó ahí su Menina. El vecino que había puesto la pintada, dolido por haber borrado su reivindicación, bajó con un rodillo y tapó la obra de Cabezas”. De ahí nació un movimiento que desde el 2005 ha atraído a más de quinientos artistas (pintores, bailarines, músicos, poetas, etc.), que se han dedicado por años a decorar Canido con su interpretación. Algunas más cuidadas y con más técnica que otras, pero todas con algo qué decir. Dar un paseo por esas calles revela el proyecto: cientos de Meninas pintadas en casas nuevas, en casas abandonadas, en terrenos baldíos y en paredes dilapidadas, dan un encanto impresionante al lugar. Las niñas que pintó Velázquez representan de todo: protesta política, fervoroso amor por la defensa de Canido, arte urbano tradicional y moderno. Dan un aire de esperanza a toda pared que las luce.
Las Meninas como símbolo de protesta
¿Por qué Diego Velázquez y no otro clásico? “Una, porque personalmente me fascina ese cuadro”, dice Hermida. “Otra, porque creo es un cuadro reinvindicativo. No es solo un cuadro visual o un homenaje a la monarquía, sino que también es protesta. Fijate que a los Reyes los distorsiona al fondo del cuadro, no los retrata bien. Tienen mucha relevancia las plebeyas, Las Meninas, el Nicolasillo; a los personajes de importancia los pone detrás, sin trabajar la cara. Y bueno, pensé que podía utilizarse. También es un cuadro que intepretaron mil pintores de mil formas diferentes».
Y así cada mes de septiembre se reúnen más pintores y artistas y las Meninas se multiplican en un festival que atrae hasta a 20.ooo personas. Las Meninas reinvindican la existencia de Canido y la de Ferrol. Prueban que, al fin y al cabo, estos lugares (porque como Detroit hay muchos) son demasiado «grandes» para dejarlos morir. Rehusan morir por la resistencia de su gente, existen para recordarnos que todavía hay mucho trabajo qué hacer, que no todo es demoler y vámonos, también hay valor en reconstruir, en reconstruir con arte.
“¿Por qué tendría que vivir en el centro de Madrid en la Calle Salamanca?” Se pregunta el artista. “No, puedo vivir perfectamente en un barrio sin Corte Inglés a unos metros porque tengo más abajo a un tendero con el que me comunico y que me va a ofrecer los aguacates mucho más frescos. Aquí tenemos a Victor, el frutero, que no tiene frigorífico ni nevera pero tiene la fruta del dia. Es la forma de mantener la ciudad viva. Si dejamos que nos domine El Corte Inglés, Alcampo, Carrefour, etc., pues dejaremos de ser parte del conjunto, de la comunidad. Cuando me preguntaste: ¿Se podria hacer esto en el resto de la ciudad? Pues sí, pero yo soy diferente a los de Carranza (otro barrio de Ferrol). Ésto nos hace reconocibles a los de Canido. Tenemos nuestra propia expresion artistica.”
Las Meninas de Canido. Arte y Barrio.



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