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Maras en tregua: la calma tensa

23/10/2013 by Central Leave a Comment

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Reo en la penitenciaría de Cojutepeque, El Salvador. / Inmate at the pentitentiary of Cojutepeque, El Salvador.

 

Por Carmen López

(English version below)

La tregua de violencia entre dos de las maras más importantes de El Salvador -la Mara Salvatrucha y la mara del Barrio 18- pilló a casi todo el mundo con el escepticismo en su grado más alto. Con anterioridad se había vivido algún “alto al fuego” pero solo había durado una media de dos meses y sus efectos habían sido más anecdóticos que relevantes en un país que está considerado como el segundo más violento del mundo por detrás de Honduras. Sin embargo, en marzo de 2012 -con el obispo Fabio Colindres y Raúl Mijango, antiguo guerrillero del FMLN, como mediadores- los líderes de las maras anteriormente mencionadas firmaron en la cárcel de Zacatras un pacto de no agresión cuyos efectos se han extendido hasta la fecha de hoy.

 

Graffiti en una zona residencial dominada por la Mara Salvatrucha. / Graffiti in a residencial area dominated by the Mara Salvatrucha.

 

Por supuesto, no es oro todo lo que reluce y aunque la tregua ha traído una reducción de los asesinatos de aproximadamente un 60% (de 14 asesinatos diarios se ha pasado a una media de 5, lo cual no es ideal pero sí supone una mejora considerable) la violencia y la extorsión siguen circulando por las calles del país. A ello se le unen las posturas gubernamentales que no acaban de dejar clara su posición con respecto al proceso y, especialmente, una falta de alternativas reales de reinserción de los integrantes de las maras en la sociedad. Como Allys Willman, presidente del Banco Mundial declaró el pasado mes de marzo: “El problema de El Salvador no es tanto que los miembros de las bandas no quieran integrarse en la sociedad, sino que esa sociedad quiera hacerles un hueco”.

Esa falta de alternativas de reinserción pone de manifiesto uno de los aspectos esenciales que explican la existencia de las maras -más allá de la importación del modelo de las bandas norteamericanas por los inmigrantes que regresaron a su país natal- que es la lucha de clases. La tregua ha podido ser posible con un gobierno de izquierdas -pese a que su papel en el proceso sea cuestionable- y ha dejado de manifiesto que las políticas de mano dura aplicadas por los anteriores gobiernos de derechas sólo hicieron que acentuar la violencia entre las maras. La pobreza, la frustración y la asfixia a la que el sistema somete a sus integrantes menos favorecidos suele responderse con una violencia que generalmente se intenta gestionar por los mismos que están arrojando a los ciudadanos a tales reacciones, lo cual suele acabar en el bucle infinito de la pescadilla que se muerde la cola.

 

 

Familiares lloran la muerte de dos hombres miembros de la familia acribillados a balazos mientras cenaban. La tasa de homicidios se ha reducido desde que empezó la tregua pero la policía cree que muchos de ellos están relacionados con las pandillas. / Relatives mourn the death of two family members gunned down while dining. The murder rate has dropped since the truce began but police believe that many of these killings are gang related.

 

Juan Carlos (El Salvador, 1974) es un fotoperiodista que ha utilizado su objetivo para documentar esta tregua que podría cambiar sustancialmente la vida de los salvadoreños, que llevan casi veinte años viviendo entre el fuego cruzado de las maras, con su consecuente impacto psicológico. A través de sus imágenes no solo se puede conocer a los integrantes de las maras implicadas en la tregua – a los que ha retratado de cerca- sino que también se puede intuir el ambiente que se respira por las calles de El Salvador. Desde la instantánea que muestra la excavación de una fosa en la que se distingue claramente el cadáver de un caído en la batalla, hasta la imagen del coche fúnebre repleto de flores o de los mareros con sus tatuajes en la cárcel. Las fotografías que componen su trabajo, englobado bajo el título Truce In & Out (tregua dentro y fuera) muestran las diferentes perspectivas desde las que se puede observar el proceso, incluida la de los intentos de reinserción (el integrante de la mara trabajando en una panadería, como también se explica en el documental de Christian Poveda La Vida Loca, del año 2008 y que le costó la vida) o la del ejército armado dispuesto a intervenir.

 

Presentación de la nueva Unidad Anti-Pandillas. La creación de esta unidad ya estaba en proceso cuando se inició la tregua. / Official presentation of the new Anti-Gang Unit. This unit was already in process when the truce began.

 

Por el momento todos los actores de la situación y, sobre todo, los ciudadanos de El Salvador se mantienen expectantes ante el camino que siga la tregua. Por experiencia saben que cualquier giro inesperado puede desatar la violencia de nuevo y que todos los avances conseguidos se desvanezcan a la misma velocidad a la que avance la bala que acabe con todo. La calma tensa como estado vital permanente.

 

Miembros de la pandilla Barrio 18 en el pasillo de la prisión de Quezaltepeque. / Members of the Mara 18 in the corridor of the Quezaltepeque prison.

 

En las últimas dos décadas muchos salvadoreños han sido afectados directa o indirectamente por la violencia relacionada con las pandillas, ya sea a través de extorsiones, robo, amenazas de muerte o el asesinato de un ser querido. / During the past two decades many Salvadorans have been affected directly or indirectly by gang-related violence, either through extortion, theft, threats of death or the murder of a loved one.

 

 

Truce between Maras: tense calm

The truce between two of the most important maras in El Salvador —Mara Salvatrucha and Barrio 18— to stop violence caught everyone amid scepticism. Previous truce negotiations only led to a temporary ceasefire and its effects were more anecdotic than real in a country considered to be the second most violent in the World behind Honduras. However, in March 2012 —with bishop Fabio Colindres and FMLN’s former guerrilla soldier, Raúl Mijango, as mediators—, leaders of the two maras mentioned above signed in Zacatras prison a non-aggression pact. Its effects last until today.

 

The leader of the Mara Salvatrucha, Carlos Tiberio a.k.a. Sniper and the Secretary for Multidimensional Security of the OAS (Organization of American States), Adam Blackwell, sit along on a press conference. / El líder de la Mara Salvatrucha, Carlos Tiberio Valladares alias Sniper y el Secretario de Seguridad Multidimensional para la OEA (Organización de Estados Americanos), Embajador Adam Blackwell, se sientan juntos en una conferencia de prensa.

 

However, all that glitters is not gold and although the truce helped to reduce murders in approximately 60% (with a decrease from 14 murders a day to only 5, still not a good figure yet considerably better) violence and extortion are still part of locals’ daily life. In addition, the government is not clear about its stance towards the process and there is also a lack of real possibilities for rehabilitation and assimilation into society for those who once belonged to maras. As president of the World Bank, Allys Willman, said last March, «the problem in El Salvador is not that members of the gangs reject social rehabilitation, but society allowing them back».

This lack of alternatives for rehabilitation reveals one of the most crucial reasons for which we can explain the existence of maras —further than the imitation of north American gang style imported to the country by former immigrants. That is class struggle. The truce has been established while the left-wing party was in power —yet its role in the process has been uncertain— and manifested that hard-line policies from previous right-wing governments only empowered maras and increased violence. The answer for poverty, frustration and oppression, suffered by less fortunate members of the society, is usually manifested in the form of violence, which is, in turn, generally managed by those who throw people to such a xtreme reaction: a never-ending vicious cycle.

 

Police search a teenager on the streets of San Salvador. / La policía registra a un adolescente en las calles de San Salvador.

 

A gang member carries a bag of fire arms during a simbolic act which the gangs handed over weapons to the OAS general secretary José Miguel Insulza and bishop Fabio Colindres, as part of the first stage of the truce. / Un pandillero carga un saco lleno de armas en el acto simbólico en el que las pandillas entregaron armas al secretario general de la OEA, José Miguel Insulza y al obispo Fabio Colindres como parte de la primera fase de la tregua.

 

Juan Carlos (El Salvador, 1974) is a photojournalist that used his camera o provide evidence of a truce that could dramatically change the live of the population in El Salvador. They have been witnessing this crossfire between maras and living under the resulting psychological distress for almost 20 years. Through the pictures taken by Juan Carlos not only we can get to know the members of the involved maras but also he managed to portrait the atmosphere of the streets in the city of El Salvador: from the excavation of a pit where the corpse of a fallen member of a mara can be easily seen to a hearse covered by flowers or a picture of imprisoned «mareros» (members of maras) showing off their tattoos. The pictures compiled in his work, titled Truce In & Out, show a variety of perspectives from which to look at the process, including the point of view of the armed forces ready to attack and those who wish rehabilitation —such as the former mara member working nowadays in a bakery, as it is also explained in the documentary from Christian Poveda (which cost him his life), La Vida Loca.

 

Inmates and members of the gang Barrio 18 listen to the words of bishop Fabio Colindres who give thanks and acclaims the effort of the Maras on the truce. / Reos y miembros de la pandilla Barrio 18 escuchan la palabras de arzobispo Fabio Colindres quien agradece y aplaude el esfuerzo de las pandillas sobre la tregua.

 

For the time being, all the people involved in the process and, of course, the population of El Salvador, are excited about which way the process is going to take. They know quite well that any unexpected spin could trigger a wave of violence again and all the achievements would vanish as the first bullet will ruin it all. Tense calm as a permanent state of being.

 

Salvadorans dream to live in peace one day. / Los salvadoreños sueñan con vivir en paz algún día.

 

Photography: Juan Carlos
Traducción: Raúl S. Serrano

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