Por Felichi M.F
Muchas veces, algunas personas de mi alrededor se preguntan como puedo, con 34 años y perteneciendo a una de las «castas» más antiguas del municipio costero catalán en el que habito, tener un colega de 16 marroquí al que han echado de varios colegios. No sé, probablemente, porque me he divertido alguna vez patinando con él.

Hay demasiadas preguntas para quienes no han topado con algo como el skateboarding, o demasiadas o demasiado pocas. Ahora mismo, me viene a la cabeza una noticia que he escuchado en televisión referente a las tropas de marines en Afganistán, resulta que se suicidan más marines estadounidenses al volver a casa de los que mueren en combate. Es decir, algo pasa ahí, probablemente todas las preguntas que no se han hecho en su vida entran a toda velocidad en su cabeza y atropellan sin perdón lo vital de su voluntad. Seguramente son reflexiones en torno a haber sido herramientas en manos del MAL, de un gobierno occidental (el de EE.UU.) que va de salvador de la tierra y en realidad trafica con heroína (usando a los marines como vigilantes de plantaciones) y necesita pudrir a parte de su juventud en guerras fraudulentas, mientras que otra parte se pudre entre las drogas y la parte descendiente de quienes manejan los hilos pueden ir a sus añejas universidades, ponerse capuchas y hacer juramentos pervertidos referentes a la conservación perenne del poder frente a los débiles del mundo.

¿A dónde quiero llegar con este panfleto quizás en exceso conspiranoico?….pues muy fácil…básicamente, darse cuenta como algo tan sumamente divertido como patinar, el enorme reto y habilidad requerido para ello, es suficiente para aparcar cientos de aspectos negativos de este mundo. Para empezar, romper una barrera de edad, que me parece algo muy educativo para las personas implicadas, todos aprendemos de todos, mayores de pequeños y jóvenes de viejos, siempre podemos aprender algo de alguien de diferente generación, hacia arriba o hacia abajo, aunque parezca que no, todo depende de las personas. Luego ya viene el tema étnico, como mi ejemplo del principio, por costumbres, família, barrio,etc. hay personas que pueden llegar a no tener jamás un amigo o conocido de otra etnia o clase social y, por ello, siempre rivalizar o demonizar más de lo pertinente. Si a ello se suman guerras y odios ancestrales que se remontan a tiempos lejanos, imagínate, un festival del repudio mutuo entre personas y gentes que, simplemente, creciendo con una afición en común, puede desaparecer. Finalmente, claro, el último escalón del descenso a los infiernos del odio: LA GUERRA. No nos engañemos, la mayoría de guerras de la historia de la humanidad nacen de la codicia o del odio de unos pocos del que hacen partícipe y víctima a la mayoría por pura impotencia de esta última. A luchar siempre hasta la muerte por los intereses de otro que seguramente morirá en su lecho dejando una estirpe de tarados como él dispuestos a joder al mundo por sus coches de lujo, sus piscinas, sus cacerías, sus barcos y sus putas o, lo que es peor, por unas ideas raras de mundos supraterrenales de cuya existencia no tenemos ningún referente claro. Claro que en el mundo hay skaters ambiciosos, o profundamente religiosos, incluso los hay peleones y que hacen chistes racistas; pero una cosa la tengo clarísima (y conozco cientos de skaters), ninguno es codicioso, ninguno mataría a nadie para imponer su religión, ninguno sería feliz hiriendo a otro con un arma, ninguno es un auténtico racista que se crea superior a los demás y -por lo menos ninguno que yo haya tenido la suerte de conocer- es capaz de aparcar el skate un solo mes para cambiarlo por una metralleta y unas antiestéticas botas para pisotear a otras personas más débiles. Enfermos hay en todos lados, pero me parece que la enfermedad del tío que patina de corazón no suele ser ésta.


Cuando un australiano que se pasea por Kabul en monopatín capta la ilusión en los ojos de unos niños que solo pueden jugar con basura y coches hechos papilla en las cunetas, cuando esa mirada natural no refleja nada más que el placer de descubrir que hay cosas más divertidas en el mundo, aunque estén en manos de un extranjero, supongo que si este tiene los sentimientos bien ordenados y es una persona buena, rápidamente se da cuenta de que lo que hay que hacer es convertir esa ilusión en hechos y auténticas risotadas de alegría. SKATEISTAN nace así, espontáneamente de la ilusión de quienes no tienen nada digno con que divertirse y de golpe y porrazo topan con una fuente de diversión que no es nada gratuita: ejercicio físico, sensación de libertad, superación personal pero en compañía de otros, unión entre personas de muy diversa clase, fortalecedor de la autoestima de quienes ven que se superan a diario, liberador de tensiones sin uso de la violencia contra otros, fomentador de la creatividad en múltiples aspectos, desde hacerte un dibujo en la lija a hacerlo en la rampa y luego inventar un truco en la misma, …seguro que hay cosas mejores que patinar en el mundo, pero patinar no está tan mal ¿no?
A todo esto, desconozco cuáles son los trámites, burocracias y movimientos oportunos para dar un empujón a esta gran carga de ilusiones, pero, el simple hecho de haber sido sensibles -por pastelero que parezca- a que la primera piedra del ambicioso proyecto «exterminar el mal en el mundo» puede estar en la mirada ilusionada de un niño que nada tiene, ya es suficiente para aplaudir hasta la semana que viene. Además, con los tiempos que atravesamos en nuestro propio país, no estaría mal tomar nota para actuar un poco «localmente» también.
Fotografía: facebook.com/skateistan

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