Por Felichi M.F.
Siento el viaje nostálgico, reiterado recurso del que opino empezamos a abusar, pero, no puedo dejar de recordar aquellos tiempos en que un skatepark era un cúmulo de quarters, bowls o aguerridos Fun Box y, por raro que nos parezca ahora, el patín de calle se desarrollaba en un sitio en que había asfalto, gente, semáforos, aceras, perros, policía, perros policía, etc.

Mathieu Dupuy – Fs Lipslide
Así fueron los noventa para muchos de los que nos gustaba el patín de calle, sobretodo impulsado por la inexistencia o lejanía de los parks y un bombardeo audiovisual de maravillas filmadas en el puro asfalto.

Ciro Rodriguez – Fs Heelflip
Otro recuerdo de aquellos excitantes años noventa era llegar a casa por la tarde, después de un duro día de colegio y sentarme con mi hermano a ver la popular serie animada nipona “BOLA DE DRAGÓN”. Una de las múltiples vicisitudes que pasaba el protagonista de estas aventuras era tener que entrenarse durante varios episodios en una cámara del tiempo hermética, dónde no se envejcía como en el resto del mundo y dónde un minuto equivalía a un mes en el exterior, o algo por el estilo. En ese blanco y aséptico espacio, el intrépido Son Goku vencía a prediseñados y predecibles enemigos. El lugar era un gimnasio blanco, sin sorpresas apenas y que ayudó muchó a aumentar el nivel de lucha del intrépido guerrero.

Victor Zamora – Feeble To Fakie
Supongo que no hay que ser muy listo para ver a dónde quiero llegar ahora: la existencia de parques de entrenamiento para el personal de “élite” es un hecho inevitable cuando hay dinerito de por medio y competitividad entre marcas, pero, creo, que exponer demasiado lo que en esos parks sucede ha creado una falta de gusto o unas mentalidades un poco sintéticas en algunas personas. Es decir, muchos que se autodenominan patinadores de calle se han olvidado del poder de la propia calle en la ejecución de cada truco, hay quien llega solo a apreciar los trucos en su desnudez, a hablar de maniobras sin hacer ni una sola referencia al sitio, como si todos los trucos se hubieran ejecutado en un indoor calentito, perfecto, encerado, liso, sin vecinos ni tíos broncas dando la vara, etc. Es lo que llamaría mentalidad del “park de calle”, un hecho no del todo reprobable si tienes algo de fe en el crecimiento de las personas, quizás ahora es eso lo que toca, o quizás no, porque las reacciones a eso són múltiples también, unos pretenden explorar los límites físicos de los trucos y otros los límites expresivos de la fluidez, de la improvisación a la tenacidad, del ser creativo al ser espontáneo…quizás lo mejor es jugar a todas bandas con una sonrisa bien puesta o quedarte en tu ámbito exprimiendo lo que tu haces. Cada uno tiene sus prioridades y la industria se diversifica en pro de tal cosa, se acabó eso de que para ser pro hay que hacer tal y tal otra cosa, con aportar algo, en cualquier dirección (que no es fácil), parece suficiente…además..ni hablar de pros tiene sentido a veces, con hablar de realización personal basta . Ahora bien, me gusta que la gente patine, me gusta que se patine feliz, pero me gusta que la gente haga un esfuerzo por comprender, que no desnude los trucos, que no les quite el valor añadido del spot, del estilo, del clima, del momento.

Eduardo Santana – Mutant Flip
Fotografía: Fernando Torres

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