Por Javier Menéndez
Hoy voy a acompañar el bocadillo de chorizo (alimento que viene que ni pintado) con un poco de opinión. Nos hemos levantado, a nuestra manera, a la española, pero nos hemos levantado. La gente ha salido a la calle en varias ciudades y los que generan la indignación (políticos, banqueros o empresarios) han tratado de usar sus artimañas para aprovechar el tirón por un lado y para restar cobertura e importancia por otro. Esto no es Egipto, ni Libia, ni nos enfrentamos a ninguna dictadura descarada y confesa, pero el descontento por la crisis que los poderosos nos han dejado en herencia se confirma en las calles. Ignorarlo sería de necios.
Seguro que ya estás al corriente de todo esto y estás tomando tus medidas o incluso has tomado determinado hacer caso omiso del tema, pero al que teclea se le ha despertado el impulso crítico estos días y, por si no hubiese suficiente, la política se ha arrimado al skate con una dosis de hipocresía más elevada de la que suele estar al uso. Los reyes de las fanfarronerías y las promesas que se diluyen como el azúcar en el agua también tienen una dosis de cara dura para nosotros y así queda patente en el clip promocional publicado por el actual alcalde de Barcelona y candidato a la reelección. Mientras continúa e intensifica la persecución de los skaters (acción muy preelectoral) en la ciudad que gobierna, se atreve a utilizar la imagen de los patinadores en su clip como signo de modernidad, libertad y progreso. Como te imaginarás, no vas a encontrarte con un tío atacando un bordillo o una barandilla (en ese caso esto alcanzaría matices satánicos) pero si que muestra a alegres patinadores de ambos sexos disfrutando de esa ilegal y penada actividad que es usar un monopatín en Barcelona.
Hoy, más desconcertados que nunca, salimos corriendo para evitar que nos multen pues si nos despistamos nos la clavan. Dejamos lo que estamos haciendo y nos vamos a casa con la cabeza baja y allí encendemos nuestros ordenadores para tener que ver como tratan de apuntarse un tanto con su vídeo, o como si de una mística coincidencia se tratase, con la presentación oficial de esto. La vida nos pone en demasiadas ocasiones ante la reflexión de que los demás piensan que somos imbéciles, pero puede que, al igual que está pasando en la Puerta del Sol y otros puntos de nuestra geografía, un día, el colectivo skater, decida no dejarse tomar por tonto y tome la calle como ciudadanos/votantes y legítimos propietarios de ella. He dicho. Ahora di tú.


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